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lunes, 24 de octubre de 2016

La mujer de zonas rurales en México


José Víctor Rodríguez Nájera*

En días pasados, Naciones Unidas conmemoró el Día Internacional de las Mujeres Rurales en reconocimiento a la función y contribución de este sector de la población, incluida la mujer indígena, en la promoción del desarrollo agrícola y rural, en la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural.

En este tema, cifras nacionales revelan que a mediados de 2015 la población en México que vivía en comunidades rurales sumaba 27.5 millones y representaba el 23 por ciento de la población total del país y que alrededor de 13.9 millones eran mujeres y 13.6 millones hombres.

También precisa que Oaxaca es la entidad que tiene la mayor proporción de mujeres rurales (51.3 por ciento), seguida de Chiapas con cerca de la mitad de su población de mujeres reside en áreas rurales. Hidalgo, Tabasco y Guerrero también tienen una importante promoción de mujeres rurales que va del 47.3 al 40 por ciento.

Así las cosas, el Senado de la República, a través del Instituto Belisario Domínguez, documentó que  la mayoría de las mujeres rurales de 15 años y más económicamente activas son trabajadoras asalariadas; 23.4 por ciento trabaja por cuenta propia; 7.1 trabaja sin remuneración y sólo el 2.2 por ciento es empleadora.

Otro dato relevante proporcionado por el INEGI es que el ingreso promedio por hora trabajada para las mujeres rurales fue de 23.5 pesos, en contraste por los 33.3 pesos que ganaron en promedio por hora trabajada las mujeres de las áreas más urbanizadas.

Además de que en México, las mujeres rurales trabajan 89 horas semanales, 31 horas más lo que hombres.

Sin embargo, la cifra que llama poderosamente la atención es que el 44.5 por ciento de las mujeres rurales opinaban que no se respetaban sus derechos humanos y un porcentaje similar consideraba que la sociedad no ayuda a las mujeres porque no conocen sus problemas y casi un 40 por ciento aceptó haber sufrido algún tipo de violencia desde emocional hasta sexual.

Respecto a la pobreza en las zonas rurales de México se encontró (según cifras de Coneval) que el 61.1 por ciento padece esta situación y que el 92.8 por ciento de la población rural tenía al menos una carencia social y otro 80 por ciento presentaba carencias por acceso a la seguridad social.

Bueno, estas cifras por lo menos nos llaman a la reflexión y concluir que pese a los esfuerzos institucionales, hemos fracasado en esta materia, por lo que debemos replantearlos y sabe por fin que entregar despensas y tarjetas (monederos) electrónicos no cambiará la realidad de este segmento de la población.

Después de lustros de programas sociales con clara vocación electoral, es momento de modificar las políticas que sólo han servido para apuntalar carreras políticas y perpetuar el viejo sistema de “castas” donde los funcionarios se han convertido en virreyes y la población en votos.  Hay que, como dice una frase de un periódico “cambiarla a la página” para que en los próximos lustros las mujeres de las zonas rurales sean protagonistas de sus historias, pero del presente y futuro del país.

Punto Cero

Como si se tratara de un guión de una película de terror y misterio. Cada personaje ejecuta magistralmente la obra y todos ganan, excepto el ciudadano de a pie. La siguiente historia parecería increíble, pero una vez que se atan poco a poco los cabos y se aclara el panorama y lo único que se observa es la corrupción, el chantaje y la utilización de cargos públicos para extorsionar, amenazar, vejar y desechar a un ciudadano común.

La historia inicia una mañana cualquiera, en las calles de la colonia Guerrero, en las inmediaciones de la estación del Metro, del mismo nombre, Alejandro (por supuesto es un nombre ficticio) camina en la calle para dirigirse a su trabajo, pero antes se aproxima a uno de esos tantos puestos callejeros y, una vez ahí,  pide una bebida conocida coloquialmente como “polla” (jerez con huevo) para iniciar su jornada con ánimo.

Bebe el néctar, paga. Apenas se retira de dicho establecimiento de lámina siente que pierde el equilibrio, ya no puede caminar y su cuerpo se debilita al punto que tiene que recargarse en la pared.

Enseguida aparecen los actores del drama. Son elementos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP-CdMx) que inmediatamente sujetan a la víctima. La maltratan, le dice que está bebiendo en la vía pública y, al mismo tiempo, realizan una “cateo” (revisión) a su persona; es despojado de su cartera, reloj y una mochila donde guarda una computadora.

Acto seguido, se dirigen al cajero donde –parece increíble pero la víctima no ofrece resistencia y entrega los números de la misma— es retirado todo el efectivo que les es permitido. Es llevado ante el agente del Ministerio Público de la delegación Cuauhtémoc y, aquí entra el segundo protagonista.

Aparece una mujer, que por supuesto jamás ha visto antes y lo acusa de robo. Simplemente permanece confundido y su voluntad extrañamente está doblegada al parecer por alguna sustancia que colocaron en su bebida. Es encerrado en los separos y se inicia una averiguación previa (ahora llamada carpeta de investigación). En este lugar, incomunicado y confundido, llegan los agentes de investigación.

Entre una charla cargada de fingida amabilidad y amenaza dice: Háblale a un familiar, que se traga unos 20 mil pesos para que te puedas ir a tu casa, el delito no es grave, nosotros hablamos con la víctima y la convencemos que retire los cargos.

Pasan las horas, 12, 16, 20 y, llega aparece otro de los protagonstas. El Ministerio Público también le recomienda traer dinero para arreglar su asunto. Le dice que puede ayudarlo para que el delito con el que será consignado no sea robo, sino solo tentativa. Le advierte, una y otra vez que irá al reclusorio, que será fichado y describe lo que ocurre en estos lugares. Pero simplemente en la familia de la víctima no hay quien pudiera conseguir tal cantidad de dinero.

Minutos antes de que se venza el plazo de 48 horas para que el Ministerio Público resuelva su situación jurídica, le dice. Ya te puedes ir a tu casa. No hay más explicación, no hay víctima y tampoco están los policías que lo llevaron a este lugar. El hombre, confundido, ultrajado, con rabia abandona los separos. Le entregan sus pocas pertenencias –por supuesto sin la computadora y otros de sus bienes—y se retira a casa.

En su trabajo, le advierten que podría perderlo porque se ausentó sin reportarse o justificación.

Esta es una de las tantas historias surrealistas que se viven en México; A mi juicio es importante que se conozca y se denuncien a estos malos servidores públicos que utilizan su cargo simplemente para robar, machacar, masticar y escupir a los ciudadanos de a pie.

* Periodista mexicano.
@JoseVictor_Rdz

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