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miércoles, 19 de octubre de 2016

Inseguridad rampante

Miguel Arroyo

En las últimas semanas tanto en la Ciudad de México como en la zona conurbada, han ocurrido diversos acontecimientos delictivos, principalmente asaltos a automovilistas, los cuales se han hecho del conocimiento público a través de las redes sociales, herramienta que ha permitido que la ciudadanía conozca lamentables acontecimientos que antes pasaban casi desapercibidos.

Los asaltos a automovilistas ocurren lamentablemente cada día con mayor frecuencia  ante el estado de indefensión en que se encuentra, quien a bordo de un automóvil es sujeto de la sorpresa y de la desventaja  frente a quien porta un arma de fuego para asaltarlo.

En lo personal hace tres semanas aproximadamente me tocó presenciar como asaltaban a un automovilista  atrás de lo que se conoce como el palacio de justicia federal en la zona de San Lázaro.

Estos acontecimientos han provocado que la percepción de inseguridad se incremente sustancialmente entre los ciudadanos.  Hacia 1998 la inseguridad se comenzó a medir en nuestro país como en otras partes del mundo, con base en la percepción, porque lo que se conoce como cifra negra hace imposible tener una idea real del índice delictivo. La cifra negra se compone de todos aquellos delitos que se sufren pero que no se denuncian por múltiples razones. Los únicos hechos delictivos que normalmente se denuncian son, el homicidio y el robo de vehículos asegurados. Estos dos índices también han aumentado en forma alarmante.

Paradójicamente,  aún con todo lo que hemos dicho, por su densidad poblacional la Ciudad de México continua siendo razonablemente segura. La situación es mucho más grave en algunos municipios conurbados del Estado de México que antes se consideraban seguros.

Me refiero principalmente a los municipios de Naucalpan y Atizapán. El caso de Naucalpan en particular es alarmante, al grado de que los vecinos se han organizado para demandar públicamente seguridad, ante la ineficacia de las autoridades policiales y municipales.

Destaca en particular el caso de la zona de Tecamachalco, que por su cercanía con la Delegación Miguel Hidalgo, ha sido tradicionalmente ignorada por autoridades municipales, algunas de las cuales confesó recientemente “que no sabía dónde se encontraba ese lugar exactamente”.

En la zona de Tecamachalco se vienen sucediendo desde hace varios meses, no sólo asaltos a cuentahabientes, robos a automovilistas, sino que cada vez son más frecuentes los robos a casa habitación con violencia, acompañados lamentablemente de hechos de sangre. Los vecinos de la zona ya desesperados están en el proceso de contratación de servicios de seguridad privada y con sus propios recursos se encuentran instalando cámaras de vigilancia, sistemas de seguimiento a las patrullas municipales y han dotado de chalecos antibalas a los policías de la zona. Todo lo anterior sería obligación de las autoridades municipales, pero ante su indolencia, ineficacia y posible corrupción, los vecinos están actuando.

Hace poco un senador, de moralidad por cierto cuestionable, propuso que se  permitiera a los ciudadanos la portación de armas. Ésta es una antigua pretensión alimentada por los fabricantes de armas, quienes pretendieron impulsarla hace casi veinte años sin ningún éxito. Pero hoy la propuesta de este senador cada vez toma mayor fuerza de aprobación entre los ciudadanos comunes, hartos de ser asaltados a cualquier hora del día, por delincuentes que actúan en la más absoluta impunidad.

En lo personal nunca he estado a favor de la portación de armas, pero podría funcionar sí quien recibe dicho permiso se sujeta a una serie de evaluaciones psicológicas, estudios de personalidad, antecedentes penales, etc, y por supuesto se le obliga a recibir un curso de por lo menos 40 horas antes de que le sea concedido un permiso tan delicado.

Hay que recordar que la venta de armas de determinados calibres se restringió a partir de los acontecimientos de 1968.

Es una decisión muy difícil y compleja,  pero lo peor es la inacción.

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